MÁS POESÍA CERO VIOLENCIA
Es una alternativa de respuesta para mitigar la violencia en la ciudad de cúcuta bajo los espacios culturales como la poesia y otras manifestaciones artisticas. MÁS POESÍA CERO VIOLENCIA EN HOMENAJE A JULIAN ALBERTO VILLAMIZAR ESCOBAR "EL POETA".
miércoles, 22 de septiembre de 2010
martes, 21 de septiembre de 2010
200 BALAS POR EL BICENTENARIO: EN HOMENAJE A JULIAN ALBERTO VILLAMIZAR ESCOBAR POR LEONARDO PARRA
A pocos meses de celebrarse los 200 años de la Independencia de Colombia, la delincuencia común y el crimen organizado están empeñados en incrementar las estadísticas de asesinatos, como una campaña de sangre que no tiene prócer y que tiñe de pólvora cuerpos inocentes.
El color rojo que representa la sangre vertida por los patriotas en los campos de batalla para conseguir la libertad, le ha añadido más tela a la bandera nacional.
Aunque muchos de los que empuñan las armas, por encargo o por convicción, ni se han enterado de las luchas bipartidistas que azotaron al país a mitad del siglo XX, son ahora los autores de varios hechos fúnebres al día, sucesos que no tienen que ver con aquellas campañas políticas que generaban pugna entre criollos y chapetones, entre godos y cachiporros.
Quienes no profesan en ningún bando, sino que por el contrario promueven otras formas de sana rebeldía como el arte y la cultura, son abatidos como fichas de parqués por contrincantes que juegan sucio y que sin remedio le insertan un proyectil de metal al que no pague la extorsión, al que delate al culpable, al que mire, al que proteste, al que va caminando tranquilo sin nada que ver...
Qué importa si robaron la espada de Bolívar, si otros fueron los puñales y armas de fuego que dejaron marcas en cadáveres que yacen en las esquinas, en las trochas, en los ríos, en la sala de la casa, en los carros.
Mientras tanto, aumentan la cifras de colombianos que ya no respiran por culpa de una bala perdida, sin ni siquiera haberse enterado de lo sucedido.
Julián Alberto Villamizar Escobar, cucuteño de 23 años, fue víctima del fuego cruzado entre atracadores y la fuerza pública, la noche del 11 de febrero del 2010, cuando transitaba por una acera de la ciudad, como cualquier ciudadano del común.
Este joven, inquieto por la poesía, la radio, la sicología, el cine; no supo que su alma se esfumó por un botín que contenía un arma de fuego, $900.000 y una cadena de oro.
Valdría la pena que la Presidencia de la República informara este 20 de julio, el número total de homicidios perpetrados en Colombia, luego de dos siglos de emancipación, para así cantar con mano al pecho la décima estrofa del himno, que dice: "La independencia sola / el gran clamor no acalla; si el sol alumbra a todos, justicia es libertad".
El color rojo que representa la sangre vertida por los patriotas en los campos de batalla para conseguir la libertad, le ha añadido más tela a la bandera nacional.
Aunque muchos de los que empuñan las armas, por encargo o por convicción, ni se han enterado de las luchas bipartidistas que azotaron al país a mitad del siglo XX, son ahora los autores de varios hechos fúnebres al día, sucesos que no tienen que ver con aquellas campañas políticas que generaban pugna entre criollos y chapetones, entre godos y cachiporros.
Quienes no profesan en ningún bando, sino que por el contrario promueven otras formas de sana rebeldía como el arte y la cultura, son abatidos como fichas de parqués por contrincantes que juegan sucio y que sin remedio le insertan un proyectil de metal al que no pague la extorsión, al que delate al culpable, al que mire, al que proteste, al que va caminando tranquilo sin nada que ver...
Qué importa si robaron la espada de Bolívar, si otros fueron los puñales y armas de fuego que dejaron marcas en cadáveres que yacen en las esquinas, en las trochas, en los ríos, en la sala de la casa, en los carros.
Mientras tanto, aumentan la cifras de colombianos que ya no respiran por culpa de una bala perdida, sin ni siquiera haberse enterado de lo sucedido.
Julián Alberto Villamizar Escobar, cucuteño de 23 años, fue víctima del fuego cruzado entre atracadores y la fuerza pública, la noche del 11 de febrero del 2010, cuando transitaba por una acera de la ciudad, como cualquier ciudadano del común.
Este joven, inquieto por la poesía, la radio, la sicología, el cine; no supo que su alma se esfumó por un botín que contenía un arma de fuego, $900.000 y una cadena de oro.
Valdría la pena que la Presidencia de la República informara este 20 de julio, el número total de homicidios perpetrados en Colombia, luego de dos siglos de emancipación, para así cantar con mano al pecho la décima estrofa del himno, que dice: "La independencia sola / el gran clamor no acalla; si el sol alumbra a todos, justicia es libertad".
DAÑO COLATERAL. RENSO SAID
El único mecanismo que permite a los estudiantes del país expresar su desacuerdo sobre las cosas del mundo es la marcha. Frente a un secuestro, los estudiantes marchan. Sube el precio de las matrículas, y los estudiantes marchan. Desde la matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, en el México del 68, hasta la de hoy, organizada por la emisora de la Universidad Francisco de Paula Santander, las marchas expresan el espíritu colectivo de rechazo contra los abusos de poder y los excesos de las autoridades.
Hoy marchan los estudiantes de blanco. Protestan porque uno de sus compañeros, Julián Alberto Villamizar, fue asesinado en un operativo confuso e irresponsable por parte de la Policía Metropolitana. Julián tenía 23 años, estudiaba sicología, tenía novia y escribía poemas. Es decir, era un ser humano completo. Mientras paseaba por una de las calles de la ciudad, se vio envuelto en un tiroteo: la policía perseguía a unos delincuentes y una bala perdida le atravesó los pulmones. No sé si la bala que lo mató fue disparada por la Policía o por los delincuentes. En cualquier caso a la Policía Metropolitana y al Estado colombiano les cabe toda la responsabilidad en este crimen.
La policía no puede improvisar persecuciones cinematográficas en el centro de la ciudad y armar una balacera en medio de la gente para dar de baja a unos bandidos. Julián fue víctima de los excesos de la Seguridad Democrática que obliga a la Policía a improvisar operativos para dar resultados a sus superiores. ¿Debe responder la Policía a los familiares de Julián Villamizar por acción o por omisión? Cuando la Policía causa daños a terceros en una acción represiva, ¿quién responde? ¿Agotó la Policía todos los medios a su alcance en ese operativo antes de la balacera? Todo esto quedará en manos de los abogados. Pero nosotros, la sociedad civil, no podemos permitir que nos oculten la verdad.
Julián fue una víctima inocente: eso que el gobierno norteamericano llama “daño colateral”. Aquí no hubo fuego cruzado porque Julián no pertenece a ninguno de los bandos enfrentados. Daño colateral: es decir, por un error de la fuerza pública, cae un civil. Pero también una familia. Porque cuando asesinan a Julián, amputan violentamente a un miembro sensible de esa familia. Julián es hermano, hijo, amigo y compañero. A ellos debe responder la fuerza pública. Ojalá esta marcha defina un comité garante que supervise el desarrollo de este caso para que no quede impune. Y que las autoridades le expresen a la familia de Julián las condolencias: que alguien responda. No todos los días se pare un hijo, se educa y se manda a la universidad para que lo maten los encargados de proteger la vida. Porque es a la familia de Norte de Santander la que están asesinando.
Hoy marchan los estudiantes de blanco. Protestan porque uno de sus compañeros, Julián Alberto Villamizar, fue asesinado en un operativo confuso e irresponsable por parte de la Policía Metropolitana. Julián tenía 23 años, estudiaba sicología, tenía novia y escribía poemas. Es decir, era un ser humano completo. Mientras paseaba por una de las calles de la ciudad, se vio envuelto en un tiroteo: la policía perseguía a unos delincuentes y una bala perdida le atravesó los pulmones. No sé si la bala que lo mató fue disparada por la Policía o por los delincuentes. En cualquier caso a la Policía Metropolitana y al Estado colombiano les cabe toda la responsabilidad en este crimen.
La policía no puede improvisar persecuciones cinematográficas en el centro de la ciudad y armar una balacera en medio de la gente para dar de baja a unos bandidos. Julián fue víctima de los excesos de la Seguridad Democrática que obliga a la Policía a improvisar operativos para dar resultados a sus superiores. ¿Debe responder la Policía a los familiares de Julián Villamizar por acción o por omisión? Cuando la Policía causa daños a terceros en una acción represiva, ¿quién responde? ¿Agotó la Policía todos los medios a su alcance en ese operativo antes de la balacera? Todo esto quedará en manos de los abogados. Pero nosotros, la sociedad civil, no podemos permitir que nos oculten la verdad.
Julián fue una víctima inocente: eso que el gobierno norteamericano llama “daño colateral”. Aquí no hubo fuego cruzado porque Julián no pertenece a ninguno de los bandos enfrentados. Daño colateral: es decir, por un error de la fuerza pública, cae un civil. Pero también una familia. Porque cuando asesinan a Julián, amputan violentamente a un miembro sensible de esa familia. Julián es hermano, hijo, amigo y compañero. A ellos debe responder la fuerza pública. Ojalá esta marcha defina un comité garante que supervise el desarrollo de este caso para que no quede impune. Y que las autoridades le expresen a la familia de Julián las condolencias: que alguien responda. No todos los días se pare un hijo, se educa y se manda a la universidad para que lo maten los encargados de proteger la vida. Porque es a la familia de Norte de Santander la que están asesinando.
UNA MALA HORA
El dolor entro a la puerta de mi casa, y mitigó el halito que le da sentido a mi existencia, vivo por inercia dijeran los poetas, los místicos orientales se argumentan en la dinámica de fuerzas opuestas conocidas como el yin y el yang, el cura del barrio enuncio que el dolor que sentía era a causa de una mala hora, pero que pronto los que lloran van a sonreír.
De todas estas premisas me quedo con la última; es la más esperanzadora, pero creo que todavía no encuadra en mi mente, porque ese término “pronto” es muy relativo y no encuentro una traducción de tal expresión en horas, días o semanas y sobre todo me parece una mentira lo sucedido.
Se llevaron a mi hermano; Julián Alberto Villamizar Escobar, un cucuteño de 23 años a vivir con los ángeles, y es por tal razón que estoy acongojado en la tristeza. La violencia esta escogiendo sus víctimas al azar y aunque la muerte tan joven de un ser querido la veía tan efímera como el que me ganara un premio de lotería; por solo el hecho que nunca compraba una fracción de la misma; parecido es el caso que me enluta.
El 10 de febrero de este año conspiró el universo para que el yang se desatara, e irradiara entre la insensatez de un juego de bandoleros donde los buenos envistiendo a los malos recuperando el botín robado; por el cual, operando bajo el afán de disminuir las cifras de delincuencia sin saber que dicho operativo se inscribiría bajo otro caso de los excesos de la Seguridad Democrática, donde en medio del tiroteo de la persecución a los delincuentes por parte de unidades del Comando de Atención Inmediata de la Policía Nacional en una avenida de la Ciudad de Cúcuta; un accidente fatal sucedió, una bala perdida desconfiguró los sueños de mi hermano, del excepcional amigo, del Poeta como lo conocía la gente, el hijo amoroso, el formidable profesional en formación.
El daño colateral de dicho operativo consistió en llevarse al más allá a un inocente; dado que él no pertenecía a ninguno de los dos bandos y solo caminaba junto a su novia sin saber lo que le esperaba.
Ese daño al que se hace alusión, no solo le quita la vida a alguien sino también le genera de manera fáctica a su familia una muerte en vida caracterizada por una respiración a media marcha, un sístole y diástole desajustado, interrogantes ilógicos esperando respuestas cuerdas, un acostumbrarse a cuando se habla de él a usar verbos en pasado (le gustaba, bailaba, comía), un ejercicio de memoria histórica repensada para afrontar el duelo con fuentes de información desde las ecografías y fotografías de los primeros pasos, una madre que no se sabe cuándo volverá a sonreír y cuando le dejará de doler en el alma la ausencia física de su hijo.
La muerte es una realidad a la que todos vamos a llegar, y ésta misma es el ejemplo más común que usan los instructores de formulación de proyectos de desarrollo local en el esclarecimiento de la noción de problema; enunciando que lo único en la vida que no es problema es la muerte dado que no tiene solución.
Quién no quisiera tener el control del tiempo y así organizar la vida como la queremos que sea, cumplir los sueños materiales y espirituales, vivir óptimamente los ciclos de la vida, ser hijo, padres, abuelos; pero qué pasa cuando eso no sucede y la muerte de un ser querido llega fugaz y temprano, los interrogantes que irrumpen son: ¿ por qué a él ?, ¿qué deje de hacer para que esto ocurriera?, ¿son cuestiones de destino que feneciera tan pronto?, ¿ estamos propensos en éste país a que los padres le den sagrada sepultura a sus hijos y no al revés? ¿Cuántos casos de balas perdidas existen en el país? ¿Las instituciones encargadas de proteger la vida agotaron todos los medios antes del tiroteo?.
Dilemas y más dilemas, según el cura del barrio todo lo resume en que mi hermano se encontró con una mala hora, pero tan caótica que encontró la sincronía perfecta del universo para que conspirara a que la bala nadara en su cuerpo, porque un segundo menos, un caminar más lento, una llamada previa, un semáforo en rojo, un arduo flujo vehicular o tal vez una conciencia por la vida en el momento de oprimir el gatillo de un arma todo hubiera sido diferente.
El tiempo no estuvo a su favor, si lo hubiera estado, yo no estuviera escribiendo esto, no tuviera una madre que no duerme y que busca en los rincones de una casa a su hijo que nunca llegará, un padre que tiene trizas el alma y se sacude de impotencia porque no lo puede traer de vuelta.
Es tan frustrante la situación, que produce desesperanza en metástasis; dado que el dolor de una madre es inconsolable por que el amor hacia su hijo es eterno, sus lagrimas emiten mensajes de mucho dolor por que lo risueño, lo sociable, lo amoroso, lo entregado a la comunidad, lo brillante, lo cordial y toda la vida de uno de sus hijos fue reducida a una lapida. Solo le pido a Dios que los que lloran pronto sonrían.
Visítenos: Grupo en el facebook: Màs poesía Cero violencia http://www.facebook.com/profile.php?id=1105716004#!/group.php?gid=321362997355&ref=ts
Email: juandzum@hotmail.com
De todas estas premisas me quedo con la última; es la más esperanzadora, pero creo que todavía no encuadra en mi mente, porque ese término “pronto” es muy relativo y no encuentro una traducción de tal expresión en horas, días o semanas y sobre todo me parece una mentira lo sucedido.
Se llevaron a mi hermano; Julián Alberto Villamizar Escobar, un cucuteño de 23 años a vivir con los ángeles, y es por tal razón que estoy acongojado en la tristeza. La violencia esta escogiendo sus víctimas al azar y aunque la muerte tan joven de un ser querido la veía tan efímera como el que me ganara un premio de lotería; por solo el hecho que nunca compraba una fracción de la misma; parecido es el caso que me enluta.
El 10 de febrero de este año conspiró el universo para que el yang se desatara, e irradiara entre la insensatez de un juego de bandoleros donde los buenos envistiendo a los malos recuperando el botín robado; por el cual, operando bajo el afán de disminuir las cifras de delincuencia sin saber que dicho operativo se inscribiría bajo otro caso de los excesos de la Seguridad Democrática, donde en medio del tiroteo de la persecución a los delincuentes por parte de unidades del Comando de Atención Inmediata de la Policía Nacional en una avenida de la Ciudad de Cúcuta; un accidente fatal sucedió, una bala perdida desconfiguró los sueños de mi hermano, del excepcional amigo, del Poeta como lo conocía la gente, el hijo amoroso, el formidable profesional en formación.
El daño colateral de dicho operativo consistió en llevarse al más allá a un inocente; dado que él no pertenecía a ninguno de los dos bandos y solo caminaba junto a su novia sin saber lo que le esperaba.
Ese daño al que se hace alusión, no solo le quita la vida a alguien sino también le genera de manera fáctica a su familia una muerte en vida caracterizada por una respiración a media marcha, un sístole y diástole desajustado, interrogantes ilógicos esperando respuestas cuerdas, un acostumbrarse a cuando se habla de él a usar verbos en pasado (le gustaba, bailaba, comía), un ejercicio de memoria histórica repensada para afrontar el duelo con fuentes de información desde las ecografías y fotografías de los primeros pasos, una madre que no se sabe cuándo volverá a sonreír y cuando le dejará de doler en el alma la ausencia física de su hijo.
La muerte es una realidad a la que todos vamos a llegar, y ésta misma es el ejemplo más común que usan los instructores de formulación de proyectos de desarrollo local en el esclarecimiento de la noción de problema; enunciando que lo único en la vida que no es problema es la muerte dado que no tiene solución.
Quién no quisiera tener el control del tiempo y así organizar la vida como la queremos que sea, cumplir los sueños materiales y espirituales, vivir óptimamente los ciclos de la vida, ser hijo, padres, abuelos; pero qué pasa cuando eso no sucede y la muerte de un ser querido llega fugaz y temprano, los interrogantes que irrumpen son: ¿ por qué a él ?, ¿qué deje de hacer para que esto ocurriera?, ¿son cuestiones de destino que feneciera tan pronto?, ¿ estamos propensos en éste país a que los padres le den sagrada sepultura a sus hijos y no al revés? ¿Cuántos casos de balas perdidas existen en el país? ¿Las instituciones encargadas de proteger la vida agotaron todos los medios antes del tiroteo?.
Dilemas y más dilemas, según el cura del barrio todo lo resume en que mi hermano se encontró con una mala hora, pero tan caótica que encontró la sincronía perfecta del universo para que conspirara a que la bala nadara en su cuerpo, porque un segundo menos, un caminar más lento, una llamada previa, un semáforo en rojo, un arduo flujo vehicular o tal vez una conciencia por la vida en el momento de oprimir el gatillo de un arma todo hubiera sido diferente.
El tiempo no estuvo a su favor, si lo hubiera estado, yo no estuviera escribiendo esto, no tuviera una madre que no duerme y que busca en los rincones de una casa a su hijo que nunca llegará, un padre que tiene trizas el alma y se sacude de impotencia porque no lo puede traer de vuelta.
Es tan frustrante la situación, que produce desesperanza en metástasis; dado que el dolor de una madre es inconsolable por que el amor hacia su hijo es eterno, sus lagrimas emiten mensajes de mucho dolor por que lo risueño, lo sociable, lo amoroso, lo entregado a la comunidad, lo brillante, lo cordial y toda la vida de uno de sus hijos fue reducida a una lapida. Solo le pido a Dios que los que lloran pronto sonrían.
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MÁS POESÍA CERO VIOLENCIA
Hablar de propuestas de paz es una invitación a interrogarnos el còmo te comportas frente a varios espacios, el personal, el familiar y el de calle; donde la primera reflexión que cada uno debe hacerse es el de preguntarse si piensas una cosa, dices otra cosa, y haces otra cosa para generar acciones de paz. La construcción de paz tiene que ser totalmente sincrónica con esos tres verbos. Adentrándonos a lo concreto en acciones transformadoras no nos podemos quedar en proyectos de aula de lecto-escritura, tampoco en procesos de programación neurolingüística de repetir mil veces soy un ser pacifico, ni mucho menos en esperar si la cosa cambia y si no cambia que es lo más probable, la opción es fugarse del país.
Las cátedras de convivencia ciudadana o moral exhortan a la configuración de perfiles del cómo ser una persona con ética, los sermones del cura te ponen en conocimiento del temor a Dios como principio para obrar bien, las charlas del padre y de la madre te recuerdan que has sido educado bajo principios y valores descartando de esta manera cualquier espacio para hacerle daño a los demás. La pregunta del millón es ¿si han existido esos espacios y muchos más donde propagan una cultura de paz; porqué en mi localidad ocurren hechos de violencia que cubren con dolor a familias, a personas, a ciudadanos; ¿es que los violentos nunca tuvieron relación con espacios donde se divulga maneras de ser sociable y pacifico?.
Pregúntale al ladrón por que roba; el te puede contestar que por hambre, pregúntale al que dispara un arma por qué matas, el te puede responder que por defensa personal, defensa de los bienes públicos, que por defensa de la propiedad de privada y en otros casos te puede responder que asesina por una cadena, por objetos suntuarios, por un millón, dos millones o quizás más; ahora pregúntale a mis padres cuanto daría por que a su hijo nunca le hubieran pasado nada, cuánto daría por que el dolor no hubiera entrado a la puerta de nuestra casa, porque su hijo continuara con su proyecto de vida en la tierra, que siguiera sonriendo y conspirando para que este pedacito de tierra fuera adaptada para vivir y no para morir prematuramente y te aseguro que ellos te responden que cambiarían todo lo que tienen y lo que no tienen y lo que algún día podrían tener.
La descomposición social es la artífice de las altas cifras de asesinatos en esta ciudad, todo me lleva a generar un diagnostico sociológico por encima y vislumbrar que los hechos violentos en la noble leal y valerosa ciudad se debe a focos de pobreza, prostitución, narcotráfico, corrupción, homofobia, poca distribución de la riqueza, , maltrato infantil, cero tolerancia, limpieza social, espacios de esparcimiento culturales reducidos, poca inversión en educación, ciencia y tecnología ; todo estos problemas estructurales reafirmarían la frase del teórico social Charles Darwin donde plantea que si la miseria de los pobres no es resultado de las leyes de la naturaleza sino culpa de nuestras instituciones cuán grande es nuestro pecado; sin embargo yo si me aparto un poco de esta versión que plantea el problema de todos los males es el sistema de gobierno y sus instituciones que son el reflejo de las atrocidades que genera su sistema económico; para refugiarme en una idea muy soñadora pero más fácil de concretar y es la de cambiar el accionar de cada uno a dinámicas de paz; esperar que cambie o reestructuren el sistema económico es lento y retardatario; tratar de convencer a ti mismo, a tu papa, a tu madre, a tu pareja es màs factible.
Si yo creyera en que todos estamos codificados genéticamente para hacer el mal, créanme que no estuviera promoviendo esta alternativa, si yo no creyera en las ideas de construcción de una cultura de paz créanme que me hubiera quedado en la denuncia y en el odio extremo porque le arrebataron la sonrisa a un justo; por lo tanto es que deseamos ver tangible la ideas que propugna MAS POESIA CERO VIOLENCIA en homenaje del amigo, del hermano, del poeta que fue víctima de la violencia absurda, y lo digo con una seguridad absoluta que el si estuviera entre nosotros estaría liderando estos procesos de transformación social por medio de la cultura, él, como cada uno de nosotros deliraba en que algún día la ciudad de Cúcuta viva bajo una dinámica solida de pensar, decir y hacer acciones de paz ; no siendo más exhorto a soñar despiertos y a que nos apoyen a dar rienda sueltas la construcción de una sociedad diferente como él y usted la pensó.
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