martes, 21 de septiembre de 2010

UNA MALA HORA

El dolor entro a la puerta de mi casa, y mitigó el halito que le da sentido a mi existencia, vivo por inercia dijeran los poetas, los místicos orientales se argumentan en la dinámica de fuerzas opuestas conocidas como el yin y el yang, el cura del barrio enuncio que el dolor que sentía era a causa de una mala hora, pero que pronto los que lloran van a sonreír.


De todas estas premisas me quedo con la última; es la más esperanzadora, pero creo que todavía no encuadra en mi mente, porque ese término “pronto” es muy relativo y no encuentro una traducción de tal expresión en horas, días o semanas y sobre todo me parece una mentira lo sucedido.

Se llevaron a mi hermano; Julián Alberto Villamizar Escobar, un cucuteño de 23 años a vivir con los ángeles, y es por tal razón que estoy acongojado en la tristeza. La violencia esta escogiendo sus víctimas al azar y aunque la muerte tan joven de un ser querido la veía tan efímera como el que me ganara un premio de lotería; por solo el hecho que nunca compraba una fracción de la misma; parecido es el caso que me enluta.

El 10 de febrero de este año conspiró el universo para que el yang se desatara, e irradiara entre la insensatez de un juego de bandoleros donde los buenos envistiendo a los malos recuperando el botín robado; por el cual, operando bajo el afán de disminuir las cifras de delincuencia sin saber que dicho operativo se inscribiría bajo otro caso de los excesos de la Seguridad Democrática, donde en medio del tiroteo de la persecución a los delincuentes por parte de unidades del Comando de Atención Inmediata de la Policía Nacional en una avenida de la Ciudad de Cúcuta; un accidente fatal sucedió, una bala perdida desconfiguró los sueños de mi hermano, del excepcional amigo, del Poeta como lo conocía la gente, el hijo amoroso, el formidable profesional en formación.

El daño colateral de dicho operativo consistió en llevarse al más allá a un inocente; dado que él no pertenecía a ninguno de los dos bandos y solo caminaba junto a su novia sin saber lo que le esperaba.
Ese daño al que se hace alusión, no solo le quita la vida a alguien sino también le genera de manera fáctica a su familia una muerte en vida caracterizada por una respiración a media marcha, un sístole y diástole desajustado, interrogantes ilógicos esperando respuestas cuerdas, un acostumbrarse a cuando se habla de él a usar verbos en pasado (le gustaba, bailaba, comía), un ejercicio de memoria histórica repensada para afrontar el duelo con fuentes de información desde las ecografías y fotografías de los primeros pasos, una madre que no se sabe cuándo volverá a sonreír y cuando le dejará de doler en el alma la ausencia física de su hijo.
La muerte es una realidad a la que todos vamos a llegar, y ésta misma es el ejemplo más común que usan los instructores de formulación de proyectos de desarrollo local en el esclarecimiento de la noción de problema; enunciando que lo único en la vida que no es problema es la muerte dado que no tiene solución.

Quién no quisiera tener el control del tiempo y así organizar la vida como la queremos que sea, cumplir los sueños materiales y espirituales, vivir óptimamente los ciclos de la vida, ser hijo, padres, abuelos; pero qué pasa cuando eso no sucede y la muerte de un ser querido llega fugaz y temprano, los interrogantes que irrumpen son: ¿ por qué a él ?, ¿qué deje de hacer para que esto ocurriera?, ¿son cuestiones de destino que feneciera tan pronto?, ¿ estamos propensos en éste país a que los padres le den sagrada sepultura a sus hijos y no al revés? ¿Cuántos casos de balas perdidas existen en el país? ¿Las instituciones encargadas de proteger la vida agotaron todos los medios antes del tiroteo?.

Dilemas y más dilemas, según el cura del barrio todo lo resume en que mi hermano se encontró con una mala hora, pero tan caótica que encontró la sincronía perfecta del universo para que conspirara a que la bala nadara en su cuerpo, porque un segundo menos, un caminar más lento, una llamada previa, un semáforo en rojo, un arduo flujo vehicular o tal vez una conciencia por la vida en el momento de oprimir el gatillo de un arma todo hubiera sido diferente.
El tiempo no estuvo a su favor, si lo hubiera estado, yo no estuviera escribiendo esto, no tuviera una madre que no duerme y que busca en los rincones de una casa a su hijo que nunca llegará, un padre que tiene trizas el alma y se sacude de impotencia porque no lo puede traer de vuelta.

Es tan frustrante la situación, que produce desesperanza en metástasis; dado que el dolor de una madre es inconsolable por que el amor hacia su hijo es eterno, sus lagrimas emiten mensajes de mucho dolor por que lo risueño, lo sociable, lo amoroso, lo entregado a la comunidad, lo brillante, lo cordial y toda la vida de uno de sus hijos fue reducida a una lapida. Solo le pido a Dios que los que lloran pronto sonrían.

Visítenos: Grupo en el facebook: Màs poesía Cero violencia http://www.facebook.com/profile.php?id=1105716004#!/group.php?gid=321362997355&ref=ts
Email: juandzum@hotmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario