A pocos meses de celebrarse los 200 años de la Independencia de Colombia, la delincuencia común y el crimen organizado están empeñados en incrementar las estadísticas de asesinatos, como una campaña de sangre que no tiene prócer y que tiñe de pólvora cuerpos inocentes.
El color rojo que representa la sangre vertida por los patriotas en los campos de batalla para conseguir la libertad, le ha añadido más tela a la bandera nacional.
Aunque muchos de los que empuñan las armas, por encargo o por convicción, ni se han enterado de las luchas bipartidistas que azotaron al país a mitad del siglo XX, son ahora los autores de varios hechos fúnebres al día, sucesos que no tienen que ver con aquellas campañas políticas que generaban pugna entre criollos y chapetones, entre godos y cachiporros.
Quienes no profesan en ningún bando, sino que por el contrario promueven otras formas de sana rebeldía como el arte y la cultura, son abatidos como fichas de parqués por contrincantes que juegan sucio y que sin remedio le insertan un proyectil de metal al que no pague la extorsión, al que delate al culpable, al que mire, al que proteste, al que va caminando tranquilo sin nada que ver...
Qué importa si robaron la espada de Bolívar, si otros fueron los puñales y armas de fuego que dejaron marcas en cadáveres que yacen en las esquinas, en las trochas, en los ríos, en la sala de la casa, en los carros.
Mientras tanto, aumentan la cifras de colombianos que ya no respiran por culpa de una bala perdida, sin ni siquiera haberse enterado de lo sucedido.
Julián Alberto Villamizar Escobar, cucuteño de 23 años, fue víctima del fuego cruzado entre atracadores y la fuerza pública, la noche del 11 de febrero del 2010, cuando transitaba por una acera de la ciudad, como cualquier ciudadano del común.
Este joven, inquieto por la poesía, la radio, la sicología, el cine; no supo que su alma se esfumó por un botín que contenía un arma de fuego, $900.000 y una cadena de oro.
Valdría la pena que la Presidencia de la República informara este 20 de julio, el número total de homicidios perpetrados en Colombia, luego de dos siglos de emancipación, para así cantar con mano al pecho la décima estrofa del himno, que dice: "La independencia sola / el gran clamor no acalla; si el sol alumbra a todos, justicia es libertad".
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